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19.10.2009 20:09:20
| El Cuarto Mandamiento |
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| Written by Roberto Murillo | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Friday, 01 July 2011 22:27 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Recientemente escuchaba el caso de una famiia pasando por una pena tremenda. Una que pocos podemos siquiera imaginar por “ilógica”, porque traiciona todo nuestro entendimiento sobre valores morales y cristianos. Sin embargo es una tragedia a la que el mundo actual están condenando a tantas familias: la pérdida de un hijo “en vida”. Sucede aquí en Canadá al igual que en cualquier parte del mundo hoy día. Familias funcionales con profundos valores morales y cristianos se esfuerzan en criar a sus hijos bajo estos preceptos para que de la noche a la mañana se encuentren con unos de sus hijos sumergidos en el mundo de las drogas, o en relaciones personales con parejas portadoras de los antivalores que tanto tratamos de evitar. Contaba una señora como su hijo al llegar a este país había conocido a una muchacha que le arruino su vida. Era una (como tantas) chica más o menos atractiva que poco a poco lo fue envolviendo. Desafortunadamente la muchacha no contaba con los más mínimos valores morales ni cristianos como el. Con tantas tácticas posibles que da el demonio a estas cazadoras de cristianos limpios; sexo, fiestas, dinero, comidas, diversiones y placeres de todas clases, poco a poco cayó como caen muchos de nuestros jóvenes sin darse cuenta. Primero, empezaron las invitaciones constantes, luego las largas ausencias de casa, porque siempre había una excusa para “salir” o más bien sacarlo del santuario de su hogar. Llegadas cada vez más tarde en la noche hasta que empezó a pasar toda la noche fuera. Eso se convirtió luego en ausencias por uno o más días. La pobre señora no sabía cómo retener a su hijo para que no se siguiera hundiendo en ese desenfreno. A los padres de la muchacha no les interesaba lo que hiciera o dejara de hacer su hija porque “ella ya es un adulto”. La muchacha al ver los intentos de la madre de recuperar a su hijo empezó a meterle ideas al joven en contra de su propia familia. Llego esto a tal grado que un día decidió irse a vivir con su amiga a un apartamento y no volver más a su casa porque no le aprobaban su relación. No valieron los llantos ni los gritos de indignación de la pobre señora, las armas del maligno son sutiles, placenteras y eficaces. La pobre señora había perdido a su hijo ”estando vivo”. Perder un hijo en vida debe doler doblemente, porque al irse de este mundo, siempre queda la esperanza y el consuelo de que será acogido por el Señor en su seno. Esta segunda muerte (en vida), es como saberlo perdido para siempre y no tener la esperanza de su salvación. Es muy difícil la batalla contra el maligno, especialmente para las familias con valores morales y cristianos bien fundados. La razón es simple; esas son las almas a conquistar. Un muchacho sin valores ni fe, es una alma que ya tiene ganada el maligno o que puede conseguir cuando quiera sin ningún esfuerzo. A un joven cristiano con fe lo ve como un potencial enemigo que podría multiplicarse si se casa con otra joven de iguales valores y calidad cristiana. Seria aumentar el ejército de Cristo. Por eso nuestros hijos son el objetivo de maligno y es nuestro deber como padres cristianos aconsejar con la fuerza que sea necesaria para evitar que nos sean arrebatados. Nosotros los padres ”terrenales” nos fue confiada por Dios nuestro señor la responsabilidad de guiar a SUS HIJOS en este mundo terrenal. Una de las guías más efectiva nos la da el Señor con los mandamientos. Pero quiero referirme al cuarto mandamiento porque nos sirve de herramienta de diagnóstico para ver que tan buen trabajo hemos hecho con la educación de nuestros hijos. Lo primero que harán las fuerzas del mal para arrebatárnoslos es la pérdida del respeto (manifiesto o implícito) y la desobediencia. Es indispensable para el mal “quitarnos del camino” para poder trabajar libremente a su objetivo. Su arma preferida es la confusión. Con tantas ofertas de placer del mundo de hoy es muy fácil hacer cosas que sabiendo que no son correctas y justificarlas luego utilizando todo tipo de excusas. Así empiezan los jóvenes y hasta algunos adultos, hasta perder la perspectiva de lo que es bueno o malo. La confusión se apodera de las mentes de la gente con valores y fe más débiles primero. Pero también puede alcanzar a los más cercanos a las cosas de Dios. Nuestras propias pasiones humanas son un vehículo ideal para la confusión y nos controla fácilmente. Así como el cuarto mandamiento nos ordena honrar a nuestros padres, también nuestro Catecismo nos amplia, que el deber de los padres con los hijos es el de educarlos en nuestra iglesia doméstica, el hogar. Es nuestro deber hacerlos fuertes en la fe, católicos practicantes, y asegurarnos que ellos hagan lo mismos con sus hijos tal como nuestros padres lo hicieron con nosotros. Hoy día se aprueban tantas leyes en el mundo en contra de la familia y se han creado tantas organizaciones y corrientes de pensamiento contrarias a nuestros valores que son abrumantes. Las familias cristianas funcionales somos una especie en extinción porque el mundo actual ya no es terreno fértil para nuestros valores. Pero igualmente somos una especie fuerte porque contamos con el apoyo de Cristo, y con El nada es imposible. Acerquémonos mas a nuestra iglesia, aferrémonos mas a nuestros valores cristianos, procuremos entender mejor nuestras creencias, oremos mucho al Señor para que aumente nuestra fe. Solo así podremos combatir en esta guerra que el maligno a declarado a las familias cristianas, como verdaderos soldados de Cristo.
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