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NO BASTA SER BUENO (2da parte) PDF Print E-mail
Written by Roberto Murillo   
Friday, 28 August 2009 00:00
1150 millones de catolicos

Se necesita gente buena, talentosa y comprometida para servir al Señor. Somos alrededor de 1,150 millones de católicos en el mundo (censo 2007). Tiene que haber uno que otro que realmente quiera servir a Dios, no les parece? Pero la pregunta es: cuántos de nosotros “escuchamos” y reconocemos su llamado? Dios nos trae al mundo con un propósito. No somos pajas al viento ni accidentes de la naturaleza. Cada uno tenemos un papel que Dios nos ha asignado desde antes de nacer. No hay una sola alma que Dios no haya incluido en su Plan Divino. Los católicos lo sabemos y lo reconocemos en la oración del Padre Nuestro cuando decimos “hágase Señor Tu voluntad…”. Sin embargo ignoramos muchas veces su llamado.


En nuestro bregar por la vida Dios nos permite que nos vayamos dotando de virtudes y habilidades que usamos para bien o para mal. Dios nos da, y nosotros con nuestro “ser” humano disponemos de lo concedido para construir, destruir, ayudar o estorbar. Utilizamos estas habilidades para alcanzar metas que nos enseña e impone una sociedad que adora ídolos materiales y valores distorsionados muy alejados de la voluntad de Dios. Luchamos a brazo partido para alcanzar el tan deseado “éxito” o reconocimiento de los demás. Y para ello fijamos nuestras metas en los elementos fundamentales que usa satanás para nuestra perdición; el dinero, el sexo y el poder. Vivimos sumergido en una sociedad que nos dice constantemente que servir al Señor es asunto de viejitos, “loosers” y acomplejados que no tienen otra cosa que hacer con su vida y se esconden en la Iglesia.

 

Pocas veces nos detenemos a pensar en cuánto podríamos ayudar si pusiéramos nuestras habilidades al servicio de nuestra Iglesia. Hay tantas maneras en la que podemos ayudar a llevar “la Buena Nueva” a nuestros hermanos. Nos olvidamos muchas veces de que estas habilidades y virtudes no son producto de la casualidad sino una gracia concedida por El y tiene perfecto sentido ponerlas a su servicio en muestra de agradecimiento.

 

soldado de Cristo

Una vez decididos y comprometidos al servicio debemos mantenernos bien enfocados porque nuestra naturaleza humana débil y sumisa ante las tentaciones nos hace perder con facilidad el camino y desviarnos de nuestras reales intenciones. Esto sucede porque el servir al Señor nos hace automáticamente blanco del maligno, quien se incomoda y aborrece a quienes tratan de ayudar a engrandecer de alguna forma el Reino de Dios. Nos convertimos en sus enemigos y usará las más sutiles armas para desviarnos de nuestro objetivo; servir al Señor. Armas como la envidia, el celo, las murmuraciones, la pereza, la codicia, el egoísmo, la frivolidad, la difamación, la soberbia y la hipocresía son utilizadas magistralmente por él para detener o hacer más difícil nuestro trabajo para el Señor. Es una difícil batalla que tenemos que librar como verdaderos soldados de Cristo. 

 

Por eso, por difícil que sea, es importante mantenernos enfocados y saber distinguir lo que es de Dios de los que es de los hombres. Muy bien lo dijo el Maestro cuando lo trataban de confundir los fariseos “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Dentro de nuestra propia Iglesia nos batimos estérilmente muchas veces los cristianos por imponer criterios, lograr protagonismo, o posición de mayor influencia como si esto nos asegurara más nuestra entrada al Reino. Algunas veces hasta logramos confundir a nuestros sacerdotes para lograr objetivos personales e imponer criterios propios. Caemos inadvertidamente en la trampa del maligno quien disfruta al ver como somos presas de nuestras propias debilidades humanas y sembramos intrigas, enemistades y división dentro de la Iglesia que pretendemos ayudar. Como lo canta muy bien el cantautor católico Martín Valverde en su canción “estoy perdiendo la Fe”, muchos hasta llegan a alejarse de la Iglesia por motivo de pleitos que siempre se dan cuando perdemos el enfoque y nos empecinamos en pelear “cosas de los hombres” en vez de concentrarnos en “las cosas de Dios” que deben ser nuestro objetivo. Sigamos el consejo que se nos da en Romanos 16; 17-18.

 

Sirvamos al Señor con nuestro corazón poniendo a su servicio nuestros talentos, nuestras habilidades, nuestra voluntad y entusiasmo. Hagámoslo con la plena seguridad que Su Iglesia prevalecerá por los siglos de los siglos a pesar de Satanás. Como dijo Jesús “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer”.

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Last Updated on Saturday, 29 August 2009 14:37